Posted by: Sk | June 5, 2008

A consumir con moderación

“Aun estas experiencias límites no demuestran la existencia de un alma individual inmortal.

Pero permiten suposiciones e intuiciones que van más allá del abrupto ‘fin y término’.

El argumento mas importante contra la inmortalidad del alma individual es una observación aportada por filósofos e investigadores del cerebro (getwilte Word ¿)

La temporalidad del proceso de pensamiento. Aparentemente la conciencia del si individual presupone un acto de auto aseguramiento, que tiene el carácter de un proceso: Yo me pienso. Definir este fuera del tiempo, como lo hizo Johann Gottlieb Fichte (1762 -1814), presupone en el fondo, una dimensión de proceso mas allá del tiempo y del espacio que nos es (todavía?) desconocida.

Un conocido investigador del cerebro como Francis Crick, el descubridor de la estructura del ADN, mantiene en su obra “Was die Seele wirklich ist” (1994) (“Lo que el alma es realmente”), que todos las operaciones del alma, hasta ‘el sentido de la identidad propia’ no son, en verdad, ‘nada más’ que ‘el comportamiento de una suma gigantesca de células nerviosas y de las moléculas implicadas.”

Eso se ajusta a la realidad pero también es considerablemente inócuo. Como si se explicase el aura de un auto retrato de Rembrandt con aires de conocedor como siendo el resultado de la interacción entre el  óleo, el pincel y el lienzo.”

Nunca me he podido tomar excesivamente en serio la filosofía alemana, precisamente por eso: en el fondo es una evidencia que detrás de todas esas palabras casi superlativas como la nariz del poema de Quevedo, no se esconde nada mas que una cierta pretensión a mucho sin tener nada en las manos, y menos aun en la cabeza. Si pensasen con los pies, aun les faltaría el calzado.

O sea que, sin esperar en exceso algún día poder dar una demostración flagrante y definitiva de semejante convicción, no sea que se me acusase de opinión subjetiva con distorsión deliberada de hechos, no pude sino rezar por que este pequeño texto, enviado por mi padre para su consiguiente traducción, fuese del ámbito público, y asi me permitiese, con pruebas, envolverlo en una demostración tintada de la escarcha de algún escarnio y burla, en el fondo del tintero, no fuese que se notase en exceso.

Tuve suerte. Tras debida indagación previa – quién usase de lo privado para tan malsanos propósitos, fuese aun alguna alabanza, y además sería falta profesional – me informan de que es un artículo publicado en ‘Spiegel’, asi pues, del dominio público, aunque no supiera si sujeto a derechos. Seguro que aqui no, empero, que por precisamente aquestas razones hemos huido de las fronteras europeas. Imagínese que no se puede uno ya ni burlar gratuitamente del vecino, que hasta para eso, habría que pagar derechos …

 Total, habiendo puesto las debidas protecciones legales alrededor de mi torreón literario, vaya que podemos socarronamente dar libre curso a nuestras inspiraciones.

Nuestro texto trata pues de la inmortalidad del alma individual- conste que individuales, y no nos perdamos en la presunción de que hubiese almas apelotonadas, y juntas y revueltas, además, en una especie de cacerola, donde a fuerza de hervir, termina uno por no saber cual es de quién. No. Aqui todavía no hemos llegado al infierno, ni estamos en manos de ningún Belzebu o Satanás imaginario: nos encontramos en el puro dominio de las almas individualizadas de por su apego a un cuerpo particular y determinado.

Estas almas, pues, serían inmortales?

Es cierto que empezamos nuestro discurso admitiendo que las experiencias límite de la conciencia, como las que se obtienen en estado de grave coma o muerte clínica reversible, puede inducir el pensamiento según el cual pudiese que nuestro alma no se desvanece en la nada, de repente, asi, como de cualquier manera.

Habiendo llegado empero a semejante punto alentador, en el fondo – pues a quién, no sea nada más que por vanidad, le gusta desaparecer en la nada, súbitamente, además – cambia el párrafo para decirnos que hay irreversibles pruebas de que el alma no es inmortal. O sea, chafa chafada, y nada por aquel camino que habíamos si dificultosamente emprendido.

Esas dos pruebas irreversibles, a las cuales debemos someternos sin más cuestionamiento, pues son autoridades, serían: uno, que Fichte, hablando del proceso, digamos, en términos más banales pues psicológicos, autocognitivos, dice que estos se situarían fuera del tiempo y del espacio, y comenta el comentarista, que en ese caso habría una dimensión espacio temporal que nos fuera desconocida. – Lo cual no es prueba. Para empezar ni Fichte, aunque no conozco a Fichte, pero conozco a Kant, del cual el segundo un discípulo, afirmaría un proceso fuera del tiempo y del espacio, puesto que un proceso implica temporalidad. Lo que afirma Kant, y pues Fichte, es que a la conciencia, el pensamiento aparece de modo espontáneo, lo cual es muy cierto, y él deduce de este hecho un fenómeno no causal, en referencia lógica a un otro ámbito de la realidad no fenomenal, puesto que todo fenómeno en el tiempo y el espacio tiene causa.

O sea que, nada por ahi. Además, qué tiene que ver el pensamiento y el proceso autocognitivo con el alma? El pensamiento es un acto del entendimiento, ligado a cierta actividad del cerebro, mientras el alma es un ente muy mal definido, por cierto, pero que afecta más bien los estados psíquicos o anímicos, los cuales puede que sean fuente del pensamiento, pero nada más. Es decir, que es de evidencia que el pensamiento en tanto que tal no puede ser inmortal, aunque indique la posibilidad de realidades desconocidas para nosotros – que por ser desconocidas no tienen por qué no ser, tampoco -, puesto que es un acto ligado a la conciencia espacio temporal inmediata. Lo cual no nos dice nada del alma, ni de su naturaleza ni de su futuro mediato o inmediato. Pues aun el yo, como concepto, cuando se piensa, toma materia en otro lugar, que debiera ser el alma, y no es ‘yo’ solo de por su espontánea aparición como concepto singular.

Nula la supuesta demostración.

Dos: un científico dedicado a la observación detallada de las series del ADN, y tenga que ver – pero francamente me tiene un poco harta que esas gentes se metan en camisas de once varas y terrenos que no les incumben – afirma perentoriamente que incluso el acto de autoaformación o autoconocimiento no es nada más que un montón de neuronas y células.

Bah? Señor investigador: dígase de una célula una unidad de un tejido vivo reconocible a una separación por membranas (por ejemplo). Donde está el acto autocognitivo en ello? La identificación operada por el verbo ‘ser’, que es de identidad, presupone la total y absoluta identificación entre lo que precede y lo que sigue, lo que no es el caso aqui.

Es decir, para ser más concretos: una célula es un ente cuya identificación se obtiene por observación empírica, mientras que el alma es un concepto de la percepción interna, que como tal, no es jamás, de por categoría diferencional primera, asimilable al primero. Lo cual implicaría que si fuese inmortal el alma, se fuera seguramente para ‘dentro’ y no para ‘fuera’, abriendo nuevas dimensiones internas, y no detrás de alguna fulgurante estrella, que por estrella, bien estrellada fuera.

No que no corresponda quizá, un movimiento interno a algo en el exterior. Equivale, se liga, se relaciona, de algún modo. Quiero ir a casa. Fenómeno de la voluntad. Me levanto y me voy en buena dirección. Usted, lo que ve, es que me muevo. Pero el filósofo buen palurdo sería si redujese la voluntad al mero hecho de moverse. O los sueños. De la percepción onírica. Seguro que se agita alguna parte de los sesos cuando tiene una pesadilla. Más diría: que los dragones y unicornios que se presentaron a la representación interna son lo mismo que el cambio de color de verde a rojo dentro de un espectro en los inventos aquellos que todo lo saben, menos, precisamente, los contenidos? Mentiría si lo afirmase.

Nula la demostración por error definicional.

Muy bien, nosotros casi como que realmente hemos llevado la intuición a la vida eterna, fuese nada más que por llevar la contraria. Sorpresa. Nuestro autor llega exactamente a la misma conclusión que nosotros: que no se pudiese decir que un aura de un cuadro de Rembrandt fuese el agenciarse de pintura, colores, lienzos y pinceles, es decir, que fuese ya el pensamiento, el proceso autocognitivo o los sueños, si seguimos por el mismo camino, que por sueños sueños son, nada más que el adecuado agenciarse de células y neuronas, pues hay quizá, otra cosa. Cierto. Y que todos los caminos llevan a Roma, aunque sea a trancas y barrancas.

Pero qué, donde nos quedamos con que llevábamos la contraria. Fuese que estuviésemos de acuerdo, en apariencia, pues habiendo llegado finalmente a la misma conclusión, yo sé, y tú, nada más pretendes, puesto que no hay camino que claramente lleve a la conclusión.

Mi madre llamaba a los alemanes ‘retorcidos’, y sus razones tendría.

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Categories

%d bloggers like this: